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México siempre

Muros, techos, patios, caballerizas, establos, macheros, pilancones, norias, trojes, eras, tinacales, bordos, jagüeyes, historias, leyendas…, son constancia de la Historia, del pasado de un altiplano mexicano cerealero, trabajado con aperos en extensiones vastas. Ganadero también para aprovechar esquilmos, subproductos o cosechas perdidas. Pulquero también por la afinidad del maguey manso por estas tierras, por su uso para revertir la erosión, por ser forestador natural y sobretodo por la gran empresa generada alrededor del místico “tlachicotón” a inicios del siglo pasado. Es decir, quedan las evidencias un sector primario que fue base de la economía nacional, así como todavía dicen los libros que debieran ser las economías.

Hoy las extensiones vastas se redujeron pero las otras variables no. Son los mismos metros sobre el nivel del mar. Similares las heladas estacionales y las no estacionales. Similar la lluvia (siempre agradecida), a veces justa, a veces excesiva, a veces insuficiente, a veces en granizo, a veces ausente, el cambio climático todavía no da indicios suficientes para sentirse en otro lado que no sea éste.

A diferencia de las condiciones de los bragados ancestros, la tecnología es la variable que hoy da sentido a continuar aquí. Además claro, del entorno que siempre es grato para quienes pertenecemos. La tecnología colabora a producir más, mejor y también sustentablemente, valor que debe incluirse para regular procesos de orden global.

Agradezco la oportunidad de trabajar con vida, que es de lo más apasionante que a alguien puede sucederle. Favorecer el desarrollo de las poblaciones que convienen, alimentar animales y plantas según requieran, contribuir a que se den fotosíntesis, ciclos metabólicos, desarrollos microbiológicos, etc. Procurar detener el desarrollo de las poblaciones que no convienen: malezas, parásitos, bacterias nocivas. Es ciencia, arte y sobretodo trabajo que nunca, afortunadamente termina.


Guillermo Bretón
Huamantla, Tlaxcala