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Las flores, por su tamaño, se dividen en grandes y en chicas; por su color, en blancas y en otros colores; por su olor en perfumadas y waterclosadas. Ahora atendiendo a los pétalos, que es lo que cuesta, las flores se dividen en caras y en baratas. Las baratas ya no se consiguen ni en la Lagunilla. Oiga con lo caro que están las cosas ¿Verdad?, ¿Por qué será, oiga? ¡Válgame dios! Las caras se dividen en tristes y risueñas, en amables y desdeñosas, en feas y en bonitas, en prietas, güeras, rubias, trigueñas y albinas.

¿Les suena familiar? Pues es un fragmento del texto del gran Tin Tan en su película "Con la música por dentro", donde toma el trabajo de un jardinero y, frente al dueño de la casa donde labora, hace una mención cómica a ciertas flores para conquistar a Rosita, la hija del patrón.

Es bien sabido que, en México, nos encanta adornar con flores: Altares, trajineras, tapetes, casas, tumbas, iglesias y, hasta la forma de hablar, es ahí donde cobra sentido y vida la clásica frase: "Echar flores". Ésta, hace referencia al halago que solemos hacer a una persona ya sea, para quedar bien con ella, o para tratar de enamorarle.

Al "Echar flores" generalmente sale a flote el poeta escondido de todo mexicano y, la retórica parece dirigir el discurso. "Pareces una rosa", "Una flor para otra flor", "Eres la más encantadora del mundo" y, "Esa ropa te hace ver más guapa de lo que ya eres", son sólo ejemplos de esto que podría considerarse como la antítesis del albur.

En el mercado, el trabajo, la construcción, la calle, el restaurante, en fin, donde sea, podemos ser testigos de que los oriundos de éste país, somos unos grandes de la jardinería oral. Pero 'aguas' con echarse flores a uno mismo porque, al 'echarle tanta crema a nuestros tacos' nos podemos 'quemar' y quedar como unos egocéntricos.