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Por Emilio Azcátl

Como México no hay dos, pregona un dicho popular. ¿Será realidad? Difícil responder a esta pregunta sin caer en contradicciones. Sin embargo, no hace falta más que alejarse del país para experimentar ciertos mitos que nos envuelven desde que somos niños y aprendemos a cantar el himno nacional. La sangre se subleva y es entonces cuando el orgullo de ser de esta tierra se escurre por la venas. Hasta el más avezado y escéptico termina aceptando que algo le hace falta y que sólo encuentra en un país tan lejano como México. La comida, el clima, la familia, y por supuesto el lenguaje, forman parte de lo que se deja atrás.

 

El lenguaje nos define, nos da identidad y nos hace partícipes de una comunidad. De norte a sur y de oriente a poniente los distintos acentos nos identifican y nos ponen en el mapa de nuestro excéntrico país. La mayoría reconocería el acento jarocho en medio de cantos budistas, pocos dejarían de notar a un yucateco en medio de los gritos de una barra argentina. El hablar cantadito de los poblanos no pasaría inadvertido en Nueva York. Los chilangos entrarían en disputa filosófica con los alemanes de tanto alburear.

 

Y es precisamente esta manera tan peculiar del lenguaje coloquial mexicano que uno extraña cuando tiene que enfrentar las distintas barreras de los idiomas extranjeros. Imposible poner en práctica el albur con un francés; terminamos pasándolo por el arco del triunfo y ni se diga, con un inglés. Su mítica formalidad aburre al instante. Muchos terminan decepcionados cuando ponemos en práctica está manera tan sublime del albur. La cara de perplejidad del extranjero, ante tal arrebato mexicano, termina siendo síntoma de su incomprensión.

 

Se pierde tiempo explicando al foráneo el doble sentido del lenguaje popular y hacerle entender ciertas palabras enraizadas en nuestra habla cotidiana. Para muestra basta un botón, frases de Armando Jiménez autor del libro Picardía mexicana: “No es lo mismo, huele a traste que atrás te huele”. “No es lo mismo, madre pura que pura madre” y para terminar: El que le entendió le entendió y si no me vale….