2014-jul-reportaje-damafierro

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El Señor Tlacuache cargaba un montón de cosas por las calles de la gran ciudad, Cri – Cri, el grillito cantor, lo llamaba tambache; ese gran bulto lo acumulaba a través de cambiar, comprar o vender cachivaches y para hacerlo tenía un pregón característico. Esa canción infantil fue el primer contacto que tuve con un oficio que adquiría artículos viejos para después revenderlos.

De unos años a la fecha en la Ciudad de México se hizo muy popular un grito que suena a través de un megáfono, se trata de un timbre de voz muy especial que dice: "Se compran colchones, tambores, refrigeradores, microondas, estufas, lavadoras o algo de fierro viejo que vendan", el llamado inmediatamente captó la atención de la gente, para la mayoría resultó molesto porque no importaba la zona, la hora o el día, en donde te encontraras, seguramente lo ibas a escuchar hasta el cansancio.

El pregón de una niña

Marco Antonio Terrón compra y vende fierro viejo desde hace más de veinte años, este oficio es conocido como "fierrero", mediante una carreta o una camioneta estilo "pick-up" recolecta artículos antiguos o en desuso para posteriormente venderlos en los múltiples depósitos de este material que ese encuentran por las diferentes colonias de la mancha urbana.

Hace aproximadamente diez años, Marco Antonio escribió una frase para que su pequeña hija María del Mar la grabara, según sus propios testimonios iniciaron la sesión a la medianoche y les tomó cuatro horas dejarla como la conocemos en un casete, la intención era evitar el desgaste de la garganta que provoca ir gritando por todos los rincones de la urbe para anunciar sus servicios.

Los "colegas" del ramo le fueron pidiendo a Marco Antonio la grabación hecha por María del Mar, una niña que en aquel entonces cursaba el cuarto de primaria, de esa forma se fue reproduciendo con los fierreros del gremio, no sólo en la capital del país sino hasta algunos estados vecinos, haciendo parecer que detrás de la misteriosa voz había un gran monopolio de los desperdicios de metal.

Sin ser parte de algún medio masivo de comunicación, la voz de María del Mar Aguirre trascendió los límites de San Lorenzo, su colonia natal, en Chimalhuacán, Estado de México, para convertirse en un ícono urbano de la compra-venta de fierro viejo de casa en casa.

Playeras, canciones, memes, ringtones y un montón de conversaciones alrededor de su timbre de voz y el peculiar estilo, pero ese no era el fin buscado, la fama espontánea no les dio el dinero, María del Mar y su padre siguen siendo fierreros tal como hace diez años; la grabación de las célebres líneas en aquella madrugada sólo fueron un juego inocente y divertido como las letras de Francisco Gabilondo Soler.