2014-jul-especial-vuelta

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Cuando hablamos de oficios en México podemos pensar en un bolero, un artesano, un globero, un taquero o un luchador, ¿pero se podría hablar de un oficio netamente mexicano?, tal vez no, pues es probable que compartamos varias de estas labores con otros países de Centro y Sudamérica; sin embargo, existe uno que si bien no es exclusivo de nuestro país, en la actualidad solamente en México se sigue encontrando de manera cotidiana: el organillero o cilindrero.

El organillero es un personaje que aparece en la vida de los mexicanos a finales del siglo XIX, pues en países como Alemania, Francia y Suiza era ya muy popular desde el siglo anterior. En Latinoamérica el organillero aparece en Argentina, Chile y México, cuando los primeros cilindros fueron traídos por la compañía Alemana Wagner y Levien. El oficio se hizo popular y perduró durante varias décadas, pues se trata de una tradición con más de un siglo de existir que ha dejado en la memoria colectiva del mexicano su sonido impregnado en las calles. Poco a poco se ha ido perdiendo la tradición y sus notas se han dejado de escuchar; sin embargo, todavía en algunas ciudades del país se puede encontrar al cilindrero regalando nostalgia y recuerdos a cambio de una moneda.

Pareciera que el oficio es sencillo, solamente dar vuelta a la manivela del organillo para dejar escapar la música; sin embargo, el cilindro es un instrumento complejo, que de entrada, pesa entre cuarenta o cincuenta kilos, por lo que transportarlo se hace un trabajo arduo. El mecanismo del organillo se activa al girar la manivela que a su vez comienza a mover unos cilindros metálicos cuyas perforaciones chocan con unas teclas de madera que transportan el sonido a través del aire, así pues, el organillero debe conocer la melodía que hará sonar para nivelar la velocidad y llevar el ritmo adecuado.

El oficio de organillero está cerca de desaparecer pues, aunque existen organizaciones como la Unión de Organilleros del Distrito Federal y la República Mexicana, creada en 1975, el gremio no recibe el apoyo suficiente por parte del gobierno. Por lo regular los esfuerzos por continuar con el oficio son de particulares y obedecen a tradiciones familiares. Además la reparación de los organillos es sumamente costosa, pues son muy pocas las casas que los fabrican en Latinoamérica, ninguna en México.

En el contexto cultural son muchas las referencias que a este oficio se hacen, en el cine se puede mencionar la película El organillero de 1957, protagonizada por Clavillazo, como la más representativa, y en la música Javier Solís habla del olvido y del amor en su canción Amigo organillero, mientras que en una época más actual La Maldita Vecindad, grupo mexicano de ska y rock, nos regala Vuelta tras vuelta, una canción donde predomina la nostalgia, los recuerdos y la esperanza (y de la que se tomó el título para este texto).

Es probable que las nuevas generaciones no conozcan la figura del organillero, o no la reconozcan, pues su presencia se funde en el paisaje urbano de la cuidad y sus notas se pierden en el ruido de la urbe; es tarea de los padres y abuelos mantener la tradición de estos sonidos que caracterizan a nuestra cultura, preparemos una moneda cada vez que salgamos a las calles y alguien le de vuelta al organillo.