2014-abr-historia-villaguerrero

 

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Por Carlos A. Reynoso L.

En 1951, Salvador Sánchez Colín era candidato a gobernador del estado de México y, en gira de campaña, se encontró con una crisis en Villa Guerrero: una plaga atacaba a los árboles de aguacate de esta región situada en la parte sur-oriente de la entidad, cerca de los límites con Guerrero.

El problema era grave porque se trataba de la principal fuente de ingresos de un pueblo que entonces se dedicaba a la siembra, producción y comercialización no solo de aguacate, sino también de durazno, maíz, trigo, calabaza, jitomate y camote.

En esas fechas, una camioneta cargada de aguacates podía tardar hasta una semana en llegar al Distrito Federal; hoy, el traslado es menor a dos horas.

Sánchez Colín, de profesión ingeniero agrónomo, formó un grupo para que atendiera la crisis y el diagnóstico fue antracnosis . La solución, una pesadilla: había que tirar de raíz los árboles y quemarlos. Se desató una "cacería" de aguacates, se derribaron por hectáreas, lo que inminentemente destrozaría la economía de la región. Fue entonces que, como una bendición, aparecieron los japoneses.

De acuerdo con Rodolfo López Iturbe, presidente fundador de la Asociación de Floricultores de Villa Guerrero (Asflorvi), alrededor del año 1952 un grupo de japoneses, procedentes de la ciudad de México, llegó a establecerse al pueblo para producir clavel a cielo abierto, con ello quedó puesta la semilla de la actividad floricultora que hoy tiene a los villaguerrerenses como los principales productores de flores del país. Tan solo en 2010, el municipio generó en este rubro mil 827 millones de pesos, equivalente a la tercera parte del valor nacional.

El grupo era conformado por Manuel Moriyama, Gonsuke Imuta, Nagamini, Kudo, Kinto, Sato, Ushio, Kano, Horiuchi, Yamaguchi y Kawabata. ¿Fue un milagro o casualidad lo que los llevó a este pueblo? En realidad no, al igual que los aztecas, la tribu nipona buscaba una tierra prometida para producir sus flores y, por la altura, ubicación y cantidad de agua, la encontraron en Villa Guerrero, en comunidades como San Miguel, San Lucas, San Francisco y Buenavista.

Debe quedar en claro que eso fue apenas la implantación de la semilla. De hecho, desde la década de los 40 hay registro de otro japonés que se instaló en el municipio: Tomás Matsumoto, a quien supuestamente un coronel le regaló unos terrenos que hoy son conocidos como el Rancho El Colorado y el Rancho Verde. Él prácticamente se encerró a piedra y lodo para producir clavel.

Algo similar pasó con el grupo de japoneses, no llegaron a compartir su conocimiento y técnica con los pobladores. De hecho, varios de ellos tan pronto hicieron algo de dinero, se regresaron al Distrito Federal.
El mito indica que fue a través del robo de esquejes en los plantíos de los nipones (la "mata" de la que nace el clavel), que muchos lugareños empezaron también con la floricultura, más bien a base de ensayos, pruebas y errores.

El verdadero auge de la flor se dio hacia el inicio de la década de los 80, cuando de la mano del francés Alain Mellard empezó la producción de rosa en invernadero. Hay que recordar que Villa Guerrero era un pueblo fundamentalmente dedicado a la producción frutícula pero si se considera que una hectárea de rosa de invernadero produce más ganancias que 800 de maíz, es claro que la gente optó por las flores.

Si antes la asociación de floricultores reunía apenas a 30 productores; con la llegada de la rosa Asflorvi reunió a dos mil socios, que comenzaron a inundar, literalmente, el mercado local y nacional con sus productos. El futuro estaba al otro lado de las fronteras del país, al menos así lo vieron unos cuantos empresarios villaguerrerenses.

Un caso emblemático es el de Visaflor, empresa fundada en 1984 por Ricardo Degollado y Roberto San Román, dueño del balneario en Ixtapan de la Sal. En esas fechas, a través de la gestión del diputado Enrique Álvarez, Asflorvi consiguió presupuesto para la construcción de 20 hectáreas de invernaderos, sin embargo, la apatía (o temor) de la mayoría de floricultores hizo que sólo se ocuparan tres de ellas, por lo que Degollado tomó las 17 restantes, donde sembró más de un millón de matas que, con procesos incluso computarizados, convirtieron a Visaflor en un gigante exportador de flores que incluso llevó a la empresa a buscar cotizar en la bolsa de valores.

Entre 1994 y 2004, la producción de flores en la región pasó de 14 millones de toneladas a más de 36 millones, sin embargo, la mayoría de la producción se queda en el país, inundándolo, ahogándolo.

Actualmente, Visaflor está en quiebra, las naves de sus invernaderos están oxidadas. Si bien México tiene las condiciones naturales para competir en los mercados internacionales, el desconocimiento, la falta de tecnología e innovación, están provocando que el país se quede estancado, ¿tendrá que llegar otro milagro extranjero para avanzar?