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Por Samantha Fernández de Lara

Hablar de cine de terror hecho en México resulta, para la mayoría de las personas, muy arriesgado pues los referentes de los últimos años dejan mucho que desear, sobre todo por las cintas de muy mala calidad que se realizaron en la década de los ochenta. Después de eso han sido pocas las aproximaciones exitosas a este género, películas como Cronos de Guillermo del Toro o Sobrenatural de Daniel Gruener, que en su estructura narrativa nos acercan al terror de manera extraordinaria.

El nuevo siglo ha traído algunos intentos por rescatar el cine de terror en filmes como Kilómetro 31 de Rigoberto Castañeda, una de las más taquilleras del cine nacional, y en la realización de nuevas versiones de películas clásicas del terror mexicano: Hasta el viento tiene miedo y El libro de piedra, que si bien tuvieron un éxito moderado en la taquilla, no lograron impactar al público como las cintas originales.

Hasta aquí pareciera que el cine de terror mexicano nunca ha tenido un lugar importante en la historia; sin embargo, más allá del cine surrealista, de suspenso y sobrenatural de "El Santo", existe una pequeña colección de filmes de terror cuyo contenido, estética, ideología e impacto ha sido inigualable, se trata del cine escrito y dirigido por Carlos Enrique Taboada, un trabajo en que la inocencia, el erotismo, el misterio y lo gótico se combinan para mantener al público expectante.

Sus cuatro obras de este género, conocidas como la Tetralogía del Terror utilizan, de manera distinta, elementos clásicos del terror gótico: juegos de sombras, escenarios inquietantes, seres sobrenaturales, erotismo y sensualidad; en general una atmósfera de misterio y muerte. Es precisamente en la creación de atmósferas aterradoras en la que Taboada es un genio: un internado en el que el viento es un personaje que recrea la existencia de un fantasma; la oscuridad de la noche que manifiesta la inminente llegada de la muerte; una vieja casona cuya estatua esconde la clave del misterio que acompaña a la protagonista; y una relación de dominación psicológica donde la presencia de una niña-bruja desencadena una serie de eventos, tal vez fortuitos, que traen misterio y muerte a quienes la rodean.

Hasta el viento tiene miedo de 1967, El libro de Piedra de 1969, Más negro que la noche de 1975 y Veneno para las hadas de 1984, son las cintas que componen esta tetralogía tan aclamada en la actualidad, pero que en su momento recibió severas críticas de la industria, a excepción de Veneno para las hada, cinta premiada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

El éxito del cine de terror de Taboada no radica en las actuaciones de sus protagonistas o en los efectos especiales, sino en la forma de contar las historias, en una narrativa inquietante donde las sombras juegan un papel preponderante, en la sensualidad implícita de sus personajes, en los recursos técnicos utilizados para crear escenarios oscuros y llenos de tensión, en las tomas y juegos de cámaras que llevan al espectador de la mano, en un guión que, aunque a veces predecible, termina por sorprender al público.

Hoy en días estas cintas son consideradas clásicas o incluso de culto, y aunque es probable que no sean grandes producciones, son películas obligadas para quienes disfrutan del terror, el miedo y el suspenso.


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