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Si hablamos de música mexicana por lo general nos vienen a la cabeza nombres como: Pedro Infante, Jorge Negrete, Antonio Aguilar, Lucha Villa, Alejando Fernández... Pero, además de ser mexicanos ¿qué hace que los relacionemos automáticamente con México?

Cuando salimos de viaje al extranjero y la gente quiere ser amable con algún comentario alusivo a nuestro país con frecuencia escuchamos algo relacionado con Cantinflas o con el Chavo del Ocho; por lo general, acompañado de un fragmento cantado de: "Y yo sigo siendo el rey..." o "México lindo y querido..." entonado con alegría en algún acento inverosímil a nuestro entender.

Esto es lo que ha logrado el mariachi y su internacionalización. En México forma parte de la identidad nacional y su nombre se asocia automáticamente con un sin fin de cosas de las cuales los mexicanos nos sentimos orgullosos como por ejemplo las tradiciones, el patriotismo o el propio país en si mismo. Y aunque hay una minoría a la cual no les gusta por diversas razones, es indiscutible que la gente se identifica con él, lo siente suyo y está orgullosa de que muestre la imagen de su tierra en el mundo. ¿Y cómo lo ha conseguido?

El mariachi es mucho más antiguo de lo pensamos aunque tal cual lo conocemos es bastante joven ya que cumple a penas un centenar de años. Su origen se sabe gracias a diversos datos y documentos antiguos, algunos de ellos hablan de su origen en pequeñas poblaciones en la región occidental de México en los estados de Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit, donde se tocaba y se acompañaba de un baile zapateado que se realizaba sobre una pequeña tabla de madera que se llamaba mariachi. Por otro lado, documentos de entre 1830 y 1850 también dan testimonio de la existencia de un rancho por la zona que se llamaba Mariachi.

En sus inicios el mariachi era diferente, vestía ropa sencilla de manta y su música únicamente incluía cuerdas, destacando la vihuela y el guitarrón. Fue en el siglo XX, en el Distrito Federal, cuando al ver el poder de atracción que ejercía, lo vistieron de charro y le incluyeron la trompeta logrando integrar tanto en la imagen como en el sonido un atractivo propio y distintivo que sirvió para decorar películas de la época de oro, apoyar al surgimiento de las grandes figuras de la música de entonces y favorecer eventos políticos logrando que la gente lo identificara fácilmente consiguiendo que lo siguieran multitudes.

Esta historia formada por múltiples esencias (las raíces indígenas, la imagen bravía del charro, las agrupaciones femeninas, el nacionalismo, el éxito posterior en los medios de comunicación y su refinamiento, entre otros...) ha hecho que el mariachi se convierta en el embajador de México. Con esto, los extranjeros lo han recibido fácilmente interesándose por él al grado de hacerlo suyo también. Hoy en día hay mariachis en más países de los que podemos imaginar y su música es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (UNESCO 2011). Todo esto lo ha consolidado como estereotipo de los mexicanos quienes se enorgullecen de esa imagen que los identifica y que es tan admirada en todo el mundo.

Lo más interesante es que dentro de una sociedad compleja como la mexicana, multiétnica, que se destaca por su diversidad de clases sociales, la historia y evolución del mariachi ha logrado incluir e identificar a todos los mexicanos. El mariachi engloba la esencia de México y la canta con el corazón.©

Ana Luisa Reed Casas

© Ana Luisa Reed Casas. México. 2014