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En plena primavera, nos llenamos de colores y flores, entre ellas, la flor más bella del ejido. ¿Sabes a qué nos referimos? Se trata de una de las tradiciones que han sido rescatadas y vueltas a ser valorizadas en algunas partes del país.

Para hablar del origen de ésta fiesta, tenemos que remontarnos al mundo prehispánico, donde la Diosa Xochiquetzal –diosa de la flores, el amor y la belleza- era receptora de numerosas ofrendas florales llevadas por bellas doncellas.

Después de la conquista y, como parte de la naciente cultura mestiza, el culto a su diosa se conjugó con la celebración del viernes de Dolores y, detrás de la triste procesión cristiana, las flores celebraban y alegraban a Xochiquetzal. Con el tiempo, se convirtió en una popular fiesta que reunía a toda la gente sin importar el estrato social. Dicho evento, se realizaba un viernes antes del de Dolores y se le denominaba "Viernes de Amapolas", ésta duró 170 años celebrándose en el pueblo de Santa Anita Zacatlamanco, justamente, en el paseo de la Viga hasta el año 1902.

19 años después, en 1921, el periódico El Universal convoca al concurso "La India Bonita", que pretendía enaltecer la belleza indígena de nuestro país en el marco de la celebración del centenario de la Independencia.

Con el gobierno de Lázaro Cárdenas, se retomó la fiesta mestiza y el concurso antes mencionado y le denominó "La Flor Más Bella del Ejido". En éste, se convocaba a mujeres campesinas con rasgos indígenas y mestizos y que habitaran en la zona ejidal del Distrito Federal. Dicho concurso, también se celebraba un viernes antes del de Dolores.

Poco a poco, se fue debilitando ésta tradición hasta que en 1955, se decide que Xochimilco, será la sede de dicho evento, aprovechando las coloridas características del lugar y por ser un centro turísticamente importante. Es cuando comienza a formarse la idea de darle rescate y fuerza a dicha tradición.

Es así que, cada año, se organiza éste evento que busca resaltar y valorizar la belleza de nuestras mujeres mestizas, sacar a flote el orgullo por nuestro pasado, por nuestra cultura y nuestra sociedad.

En la actualidad, participan jóvenes de 17 a 23 años que deben preparar un discurso en pro de su cultura y sociedad y deben portar el traje típico de su región. Se adornan con flores y se elige a la mujer que representará, durante todo un año, al ejido. En medio del rápido crecimiento y modernización de las ciudades, tenemos este escaparate que nos recuerda la belleza y grandeza de nuestra gente, de nuestras mujeres mexicanas y ellas, orgullosas, se encargarán de preservar nuestra cultura e historia.